Marcos Ferreira tiene cuarenta y dos años, vive en Fray Bentos y lleva once trabajando en medios de comunicación de distinta escala. Empezó en un diario regional, pasó tres años en un portal de noticias nacionales y en 2016 fundó su propio medio digital, que hoy tiene una audiencia estable de alrededor de ocho mil lectores mensuales. No es un número grande comparado con los medios de referencia, pero es el número que él eligió: en 2021 rechazó una oferta de integración a un grupo editorial con presencia en cuatro países. La conversación con Saltopower duró casi dos horas. Lo que sigue es una versión editada. «El error que cometen casi todos los medios pequeños cuando crecen es intentar parecerse a los grandes antes de tiempo», dice Ferreira. «Te empiezan a pedir métricas de engagement, te piden una estrategia de redes sociales, te piden un calendario editorial semanal, y en algún momento te das cuenta de que toda tu energía va hacia la gestión y ninguna hacia el periodismo. Yo lo viví en el portal nacional y decidí que no quería repetirlo.» Cuando le preguntamos por qué rechazó la oferta de 2021, la respuesta es directa: «Porque la primera conversación fue sobre marca y la segunda fue sobre audiencia. Nunca hablamos de contenido. Eso me dijo todo lo que necesitaba saber.»

Ferreira es crítico también de la forma en que los medios independientes pequeños hablan de sí mismos. «Hay una narrativa muy instalada de que ser independiente es suficiente para ser bueno. No lo es. La independencia es una condición, no una garantía. Puedes ser independiente y publicar mal de todas formas.» Su proceso editorial es riguroso por convicción, no por protocolo: cada texto que publica lo lee al menos dos veces, la segunda en voz alta. «Si no puedo leerlo en voz alta sin tropezarme, no está listo.» Cuando le preguntamos qué recomienda a alguien que quiere empezar un medio editorial pequeño hoy, la respuesta no es sobre tecnología ni sobre monetización. «Que sepa exactamente para quién escribe. No un perfil demográfico, una persona real. Que se imagine esa persona leyendo cada oración y se pregunte si realmente le está dando algo útil. Si la respuesta es no, que lo reescriba.» Es un consejo sencillo, pero Ferreira lo cumple con una consistencia que sus lectores reconocen y que, según él, es la única razón por la que siguen ahí después de ocho años.